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Revista Tectónica Nº 24. Iluminación ( I ). Artificial

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Descripción

Desde el momento en que apareció o se construyó el primer cobijo, también se vio la necesidad de conseguir una fuente luminosa que permitiese prolongar artificialmente las horas de día.


Características

  • ISBN: X-00122827
  • Páginas: 128
  • Tamaño: 21x30
  • Edición:
  • Idioma: Español
  • Año: 2007

Compra bajo pedidoDisponibilidad: 3 a 7 Días

Contenido Revista Tectónica Nº 24. Iluminación ( I ). Artificial

Desde el momento en que apareció o se construyó el primer cobijo, también se vio la necesidad de conseguir una fuente luminosa que permitiese prolongar artificialmente las horas de día. La primera, el fuego, que además proporcionaba calor, alejaba a los animales y permitía la elaboración de los alimentos. El fuego se convirtió en auténtico centro de la vivienda desde el momento en que entró en ella. La iluminación natural fue otro elemento que marcó la evolución de la arquitectura. Se abrieron huecos en los muros que se protegieron con pieles, con elementos practicables de madera, y más tarde con vidrios. Los huecos se hicieron mayores con el tiempo gracias a los avances estructurales y a las mejoras en las técnicas de producción del vidrio, que dieron lugar a las grandes vidrieras del Gótico o las teatrales luces del Barroco.
La llegada de la iluminación artificial ha tenido la importancia que todos conocemos: la posibilidad de eliminar las diferencias entre el día y de la noche. Dejaban de existir barreras de horarios y también desaparecían barreras arquitectónicas, ya que se podían ocupar espacios anteriormente inutilizables por falta de iluminación. La llegada de la luz artificial se convirtió en una autentica fiesta, y posibilitó soluciones arquitectónicas de gran fuerza simbólica: muchos edificios pasaron a ser portadores de esta nueva libertad, aspirando a convertirse en auténticos faros que iluminaban la noche: la torre Eiffel (1889) iluminando el firmamento, la Estatua de la Libertad lanzando destellos desde su corona (1886) o en España el edificio de Correos en Madrid (1904) de Antonio Palacios que desde sus torres más altas iluminaba el cielo de la ciudad.
Paul Scheerbart en Glasarchitektur (Berlín 1914) decía: “Así, cuando por fin dispongamos de energía suficiente, podremos encender tantos focos como sean necesarios y la noche será clara como el día. Y la noche podrá ser incluso más fascinante que el día...”1.
Las empresas vinculadas con la electricidad percibieron las posibilidades de la iluminación artificial como impulsora de una nueva arquitectura: la AEG daba soporte a edificios que necesitaban mirarse en el espejo de la industria, y los talleres de Edison producían lámparas e incluso proyectos de edificios.
La iluminación iba ocupando la ciudad, y a pesar de que llegó un momento en que ya no era novedad, su diseño se había ido convirtiendo en un problema que involucraba a los arquitectos. Muchos de ellos participaron en el desarrollo de nuevos diseños de luminarias. Las primeras décadas del siglo XX mostraron una interesantísima producción de lámparas: Mackintosh, Behrens, Wright, Hoffmann, Gray, Rietveld, Gaudí, Chareau, Le Corbusier, Prouvé o Jacobsen son nombres de arquitectos que buscaron solucionar un problema nuevo desde lenguajes diferentes. Y aún hoy, cuando la producción de luminarias es una industria potente con diseñadores específicamente formados para ella, hay arquitectos que proponen nuevos diseños: Piano, Herzog y De Meuron, Foster, Siza, Rogers, Grimshaw, Andreu o Nouvel, son algunos de ellos.
Es indudable el interés de los arquitectos por la iluminación, y sin embargo es un tema que se deja sin resolver de manera específica en muchos proyectos. Se recurre a soluciones estándar y en demasiadas ocasiones se olvida que una iluminación adecuada es fundamental para hacer confortable un espacio y una ayuda vital para explicar la arquitectura. La iluminación sirve para elegir la temperatura de un proyecto, para determinar su carácter, para acentuar elementos arquitectónicos o guiar la mirada del usuario. El teatro también ha sabido jugar con la luz, y la ha convertido en su aliada a la hora de inducir y acentuar sentimientos y emociones. Recientemente, la incorporación de la iluminación al arte a través de creadores como Dan Flavin o James Turrell, nos está permitiendo explorar nuevas posibilidades expresivas de la luz artificial y encontrar otras formas de interrelación entre la luz y el espacio.
Para poder incorporar la iluminación como un componente más de la arquitectura es necesario conocer los recursos que ofrecen actualmente la técnica y el mercado; facilitar en lo posible este conocimiento es lo que hemos intentado al abordar este complejo número de Tectónica.

Presentación: Algo de luz
Prólogo: Luz y tiempo: Luis M. Mansilla + Emilio Tuñón
Iluminación. Conceptos generales: Norbert Lechner
Iluminación artificial. Norbert Lechner
Proyectos
Conservatorio de Música en Sarriko: Roberto Ercilla y Miguel Ángel Campo
Museo Tomihiro en Azuma, Japón: aat + Makoto Yokomizo, Architects Inc.
Escuela Secundaria de Formación Profesional en Baden, Suiza. Burkard, Meyer BSA

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